¿Sabes qué es el Síndrome del Nido Vacío?


Al ir creciendo y convertirse los hijos en adultos, es habitual que en los padres surjan emociones encontradas. Por las costumbres y el rol que tienen, las madres suelen sentir más los efectos de esta situación.

Como quieren vivir estos primeros pasos con los hijos, les cuesta diferenciar cuando son asuntos propios de sus hijos o cuando soltarlos para que vivan sus experiencias. Y al mismo tiempo, les genera una sensación de pérdida y experimentan síntomas similares a un duelo.


Así, de cara a los hijos los orientan y animan a afrontar los nuevos retos que trae la vida. Pero de cara a su propia vida deben hacer esa misma introspección, de observar sus emociones. Pues, si sienten esta emancipación de su hijo como algo que la desafía y desborda, como una gran pérdida o algo que no saben cómo manejar, debe pedir ayuda.


Lo que en realidad trae este periodo, es una invitación a que todos los miembros de la familia se adaptan a una nueva etapa de vida. Comprender que es normal que los padres sientan nostalgia, melancolía y soledad, ya que su hijo sale al mundo y deja en casa un espacio vacío tanto físico como emocional.

Si desde que los hijos son adolescentes, fomentamos hábitos y rutinas saludables, todos se preparan para cuando lleguen estos cambios y ajustes de la dinámica familiar, para esto doy las siguientes recomendaciones:


1.- Trabajar en el vínculo: como ya he comentado, somos padres para siempre. Este vínculo no se rompe por que tus hijos sean adultos o se vayan de casa. Por el contrario, es cuando más van a necesitar oír de tus experiencias para tener un referente sobre cómo actuar.

Entonces reforzar un buen diálogo y reglas claras, es fundamental en la relación. De manera que tanto padres como hijos, sepan cuáles son los límites para que haya un respeto mutuo.


2.- Abrirte a aceptar: cuando algo nos ha funcionado, queremos perpetuarlo en el tiempo. Esto no es sano, si hay una constante en la naturaleza es el cambio y todo lo que se estanca se daña. Aceptar que el cambio es natural, va a permitir moverse a la toma de acciones alineadas con el momento, por ende, vas a fluir y avanzar con mayor naturalidad a las situaciones nuevas.


3.- No estás sola: Así como tú estás viendo crecer a tu hijo, tu hijo te está viendo crecer a ti. Por lo tanto, ambos desde su propio lugar han de transitar por cambios emocionales y físicos. Crear espacios para expresarse con libertad, será muy conveniente para que no se constituyan barreras entre los miembros de la familia.

Pensar que sólo uno, está sintiendo agobio por sus emociones, nostalgia por lo que deja atrás o un vacío emocional, es equivocado. Todos lo están viviendo y si este fuese el caso, hay que pedir ayuda a otro familiar, terapeuta, o a quien consideres necesario, para no perpetuar esta emoción y te lleve a creer que no puedes seguir adelante, pues no vale la pena mantener esta idea.


4.- No te olvides de ti: recuerda que tú estás posiblemente entrando en la menopausia y te encuentras en la mitad de tu vida. Con todos estos cambios físicos y circunstanciales y combinado con la partida de casa de tu hijo. Crea un cóctel de emociones en donde tú tienes que reconocerte, saber que quieres y para dónde vas, no pierdas tu centro, tú tienes que estar bien para poder dar de lo que tienes a los demás.

Además, salir de la rutina que tenías hasta ahora, no es malo, deja que todo tome su rumbo y adaptarse a esta nueva etapa juntos como familia, garantizara que superes esta crisis del nido vacío.


Amelia Benedetti. Terapeuta en Biocomportamiento.

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